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Y yo qué ofrezco...

Esta noche Neruda me susurra una canción desesperada y se confunde con el oleaje del mar, azotando mi cabeza y obligándome a bajar la guardia. Esta noche, mi paisano, el de la nana eterna, pone versos a mi almohada para que llore sobre ella. Después del amor, hay tempestad, hay tierra, hay cielo, hay mar; después del amor hay oscuridad, luz, noche, día; después del amor hay amor, odio, prisión, libertad; después del amor, quedo yo, quedas tú.... sin recibir, sin entregar, sin deleitarnos, sin sucumbir, con la misma claridad de la caverna, con el mismo tacto del sudor corriendo por tus piernas; con la delicadeza de las camas vacías, de las bocas hambrientas, del qué dirán, de la astucia, de la mentira, de la banalidad, de los cuerpos, del engaño, del presagio, del tiempo, de la rebeldía, del desprecio; después del amor, existen tantos universos que sí son tierra, agua, viento y fuego; que si son voz, caricia, delicia, anhelo, el pie que se acerca entre las sábanas, el beso que robas a destiempo y es correspondido sin juegos, sin anécdotas, sin aciertos. Un amor constante, sensato, perpetuo o no, pero sincero. No quiero un amor pálido, sino un amor cálido que caliente mis sentidos, que encienda mis ganas, que quiera regresar mañana y que no se vaya.


¿ Y yo qué ofrezco?
















Qué puedo ofrecerte, vida mía

ahora que no estás.


Te ofrezco el tiempo,

las horas que me faltan


Te ofrezco la lluvia,

para que no conozcas la sequía

de mis besos.


Te ofrezco un universo

de caricias sinceras.


Te ofrezco la entrega incondicional

de mis versos.


Y si nada de esto fuera suficiente,

te ofrezco la vida, el mar,

te ofrezco el cielo... te ofrezco mi muerte.


Porque no hay nada, vida mía

que me duela más que no tenerte.


Que puedo ofrecerte, vida mía

ahora que no estás


Con el temor callando mis labios

Con la duda haciéndome sombra


Te ofrezco mi delirio, las rosas del laberinto

te ofrezco el amor, la Paz en el mundo,

te ofrezco todo lo que tengo.


Te ofrezco un destino incierto

con la bandera del amor ondeando

en mi pecho.


Y si nada de esto fuera suficiente,

te ofrezco la vida, el mar,

te ofrezco el cielo... te ofrezco mi muerte.


Porque no hay nada, vida mía

que me duela más que no tenerte.



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