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Volar sin miedo

Hay días que despierto con el alma aprisionando mi pecho, no existe cuerpo que pueda soportar tanta ansía de libertad, de emprender un vuelo sin cielo pero contigo a mi lado.


Cada mañana me entrego a la vida como si fuese el último día que mis ojos ven amanecer. Después me levanto de la cama aún soñando, despierta pero soñando, adivinando cómo será el resto de mi día, y entonces pienso en ti, y pensar en ti me hace derribar todos mis castillos de arena, me hace crecer, me hace sentir tan grande que soy capaz de crear con mis manos una casa firme donde habiten tus miedos e inseguridades. Una casa bien arraigada al suelo, donde el viento no consiga con sus aspavientos, asustar a la niña que llevas dentro.


Cada mañana me entrego a ti como si fuese el último día que mis ojos ven amanecer. Me entrego volando tan alto que ni el cielo consigue atrapar mis emociones.


Y es que hay días que despierto con el alma aprisionando mi pecho, con un cuerpo doblegado,

que no soporta tanta ansía de libertad. Y es que hay días que despierto para emprender un vuelo sin cielo, sin principio, sin final, pero contigo a mi lado.


Hay tantas formas de amar que las almas deberían volar sin miedo.


Volar sin miedo


Quisiera ser pequeña para volar sin miedo.

Cruzaría ríos y montañas,

y las fronteras no serían un obstáculo.


Sería amiga del viento sin importarme

si este llega del norte o del sur.


Quisiera ser pequeña para colarme

entre tus ropas, para sentirme dentro.


Que las fronteras se hicieran sal,

que los ríos nacieran de tu vientre,

que las montañas me atraparan en tu pecho.


Quisiera ser pequeña para esconderme,

para refugiarme en ti, para estar dentro.


Para que la vida me dejase amar,

quisiera ser pequeña para volar sin miedo.


M.J. Ruiz


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