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Un día todo acabará


Cuando era pequeña y mi madre me llevaba a dormir sentía tanta paz que dormía tranquila, y soñaba, sobre todo soñaba. La calma me la proporcionaba el saber que mamá vendría a despertarme, saber que siempre estaría a mi lado.


Y de repente un día, despiertas… Te has hecho mayor, tu dormitorio se ha transformado, las paredes que lucían con pósteres se visten ahora de edad, y tus peluches fueron sustituidos por un plasma de mínimo 43 pulgadas, un teléfono móvil y un iPad.


Con suerte te despertarán comiéndote a besos, con suerte para el que quiera eso; otros se desperezaran a sus anchas tras una noche infinita de estiramientos y malabares en un espacio inmenso y exclusivo de “soltero afortunado”.


Mamá despertará en casa, en su cama acompañada por el hombre de su vida. No, no es el marinero de la base de Rota, es el caballero de los sueños imposibles, el gladiador de la democracia, el fiel amigo de todos, el padre instructor de valores, de coraje, sobre todo, instructor de coraje.


Viviremos en paralelo, cada una despertando al lado de quien ama, yo con lametazos y mordisquitos, no piensen mal, aunque si lo hacen seguro acertarán. Soy una mamá perruna entregada a mis hijos, eso sí, desde que llegó la pequeña Lola he tenido que cambiar un hábito, ahora entre el portátil, refugio de todas mis aventuras y poemas, y mi persona, hay un rollito de primavera cobijado en mi regazo. Así que mis brazos de Gadget se alargan todo lo que pueden para no despertarla. Con León no tuve ese problema, si es que es un problema sentir tanto amor, él se despierta sobre las 11 de la mañana. León hace honor a su nombre, solo se menea para dos cosas: comer y…. Ya pueden imaginar la otra. Aunque está castrado, ambas cosas se han desarrollado tras su operación. La verdad sea dicha, lo veo más feliz que antes.


El tiempo pasa sin yo poder detener las agujas del reloj. Muchas veces quiero regresar a ese momento en el que mamá me arropaba y entonces, parar el tiempo, hacerlo tan eterno como lo es ella. Créanme que lo he intentado un sinfín de veces, pero no consigo detenerlo ni atrasarlo, así que he decidido aprovecharlo, cada segundo de mi presente y futura existencia es un regalo que la vida me otorga. Y creo que lo mejor que puedo hacer con el tiempo es aprovecharlo con los seres que amo.


Esto iba a ser una carta a los reyes magos, pero se me cruzó la sensación de paz que proporciona la familia y ha derivado en una proclamación de intenciones.


Querido rey Baltasar, aprovecho esta ocasión, sé que desde hace un tiempo os habéis puesto las pilas en la corte de los sueños y además, sois suscriptores de mi blog… ejem! Para pedir que ese momento de calma antes de dormir sea por igual para todos los seres del mundo, que sientan el amor incondicional y la protección que proporciona el amor. No pido nada más.


Un día todo acabará para mí, pero la vida continuará... Cuidemos la tierra, los recursos naturales, pero sobre todo, cuidémonos todos mucho y seamos responsables.


Vuelve a casa...

Un abrazo fuerte,

M.J. Ruiz







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