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La noche de los Reyes Magos

Querido Gabriel,

esta historia deseo contártela a ti.



El 21 de agosto de 2006 El País publiccó un artículo de Ana María Moix, Jeromín en el Raval. En principio no tendría nada que ver conmigo, si no fuese porque el protagonista era mi tío Jaume.

Jaume Tutusaus Moix sufrió la desgracia de perder a su madre en un parto dificil, al que sobrevivió con secuelas que marcaron su carácter. A la pérdida de su madre se le sumó la huida de su padre justo cuando los nacionales entraban en Barcelona, quedando huérfano y al cuidado de su abuela materna.


La abuela Dolores, Dolores Casals i Artigas, una mujer fuerte de la que se podrían contar miles de historias, tenía especialmente cuidado con Jaume por su fragilidad. De hecho, el primo huérfano como menciona Ana María, fue el último en admitir que sabía quienes eran los Reyes Magos y su historia me hace comprender que esta noche la ilusión brilla en el cielo a modo de estrella y enciende los corazones de niños y adultos de igual manera.


Transcribo las palabras de La Moix:


Y una noche de Reyes se sentó con el huérfano, decidida a averiguarlo. "Bien, Jaume, ya eres mayor para que hablemos como adultos. ¿Sabes lo de los Reyes o no?" "Sí, abuela, sí, lo sé", dicen que respondió, lleno de emoción, con la respiración entrecortada. "¿Ah, sí? ¿Sabes quiénes son?". "Sí, abuela, sí", dicen que el chico casi daba saltos de alegría. "A ver, di, ¿quiénes son?".

"¡Los padres, abuela, los padres! ¿Verdad que son los padres?", ahí, ante el frenesí del huérfano, la abuela empezó a dudar del estado del sistema nervioso de la criatura, quien se aventuró: "Llegan mañana, ¿verdad, abuela?". "Claro, como cada año, pero ahora ya sabes quiénes son". "¡Sí, sí, lo sé, lo sé!". "¿Quién te lo ha dicho?" "¡Nadie, abuela, nadie! Lo he sabido siempre, siempre, y que un día llegarían...". Quizá lo dijo entonces y la abuela no oyó el final de la frase. Él, Jaume, aseguró, más tarde, que sí lo dijo "...que un día llegarían... a buscarme". El caso es que el chico se acostó con la seguridad de que, a la mañana siguiente, los Reyes llegarían a por él. No los Reyes Magos, por supuesto, sino los reyes que, al nacer, lo abandonaron al cuidado de la abuela Dolores, como a Jeromín lo abandonó Carlos I de España y V de Alemania al cuidado de Ana Mariscal en la película de Juan de Orduña. El alba sorprendió al niño Jaume en la fría calle, en el portal de su casa, con sus escasas pertenencias en una pequeña maleta, en espera de un automóvil mayestático que nunca llegó. Allí lo encontraron por la mañana, con fiebre alta y síntomas de lo que resultó una neumonía que lo retuvo en cama durante meses.


En mi primera novela, Mi otro yo simulado, hice un pequeño homenaje al tío Jaume (Jaime). Es parte sin quererlo de la ilusión de una niña que quisó ser escritora y lo consiguió. Cuando nos dejó, recibí de su legado muchos libros en catalán, francés y castellano que guardo con cariño y respeto.


Una de las historias se desarrolla en Barcelona, sin desvelar secretos ni identidades, quizás sea mi manera de agradecer a la ciudad y al pueblo catalán el hecho de haber acogido a una parte de mi familia. Una unidad familiar que va más allá de los dimes y diretes de los enemigos de la convivencia, sin memoria histórica ni cultura.


Gracias Ana María por hacer eterna esta historia.


¡Feliz noche! ¡Que se cumplan todos tus deseos!


T´estimo.

M.J.

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