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Este año acaba...

Este año acaba con mi amor rozando el sol, con la esencia de las penas recorriendo mis venas, con el omnipresente que no nos escucha y nos castiga por tanta avaricia. La falta de solidaridad nos encamina hacia la soledad, hacia festividades aisladas, hacia la deportación del ser humano.

Hoy más que nunca te echo de menos, nuestras risas que son escándalo, que atraviesan los vidrios y suenan a libertad. Libertad de las calles regadas por el rocío de una buena madrugada, por la química del buen despertar. Hoy más que nunca sé que es cierto que estás en mi vida, y que estarás para cantarle a la luna de mi ciudad, un cante con sabor a frescor, al fruto del olivo, a la flor del limonero.

Y volveremos a correr por las calles como niños revoltosos. Y no soltarás mis manos porque el paso del tiempo me mantuvo a tu lado, porque creíste como cree el girasol en el verano, abriéndote al sol como lo hacen sus hojas, su flor y su tallo con ritmo circadiano.

Este año acaba con mis ideas más claras y mi corazón latiendo en dos. Con el reencuentro del ayer, con un tono de andaluz y de hiel, de marquesado, de la injusta realidad que mi abuelo vivió, y de la importancia de los valores adquiridos por consanguinidad.

Acaba con un propósito a cumplir, la publicación de todas las novelas de la saga desordenada, principalmente, la que habla de la memoria, de la realidad vivida y no contada. Pero también es un año de renovación, de cine, de la ilusión de dos guionistas embarcados en un proyecto titánico, de la composición del puzzle, de la desnudez del autor, de su otro yo menos sumiso y más cabreado.

Este año acaba con mi amor rozando el sol, con la esencia de mis penas recorriendo mis venas, con el recuerdo de los Ruiz, del Cerro, de los Legido, Martín, Ferreiro, Díaz, Carpio, y Fernández.

Este año acaba con mi amado Ayllón sonriendo desde el cielo, con su amada Bárbara danzando al ritmo de mariachi eterno; con el charro interpretando una canción de despedida con esencia peruana. De México vuelo a España, cuando el reloj marque las 11:59 y falte una última campanada para el 2022, una eterna Kika, envuelta en luz blanca, me visita en mi rincón de escritor ermitaño y corona mi año con sus ojos azules y su angelical mirada. Quizás todos tenemos de Forqué la magia, pero muy pocos sabemos usarla. Y porque no nos vamos cuando queremos sino cuando nos mandan, que cada alma viaje a su ritmo sin necesidad de críticas ni artimañas.

El año acaba como empezó con una reclusión forzosa en nosotros mismos. Creo que ya llegamos tarde para plantearnos qué hacemos mal y es hora de actuar. Cada día estamos más separados, a pesar de que vendamos ecología, solidaridad y empatía, la sociedad supura todo lo contrario. ¿Será este el final del ser humano?

Por lo que pueda pasar os invito a reflexionar sobre la vida y la muerte; la integridad y la patraña; la felicidad de todos o de ninguno; el amor en su magnitud; la pasión dentro y fuera de la cama; el odio sin binomio, porque no tiene cabida en esta reflexión. Os invito a miraros y sentiros, a deciros lo que realmente habéis aprendido este fatídico año de ausencias, castigos, tragedias, y como no, de violencia de género, que por mucho que quieran ocultarlo existe por supremacía del macho alfa acostumbrado a que le bailen el agua.

Con mis más sinceras bendiciones y el calor de mi alma, espero que 2022 sea mejor para todos, SALUD para todos, pero sobre todo para la Madre Tierra.


MJ Ruiz



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